¿Paridad significa igualdad? En cifras, la participación de las mujeres en la educación superior en Bogotá

No obstante, investigaciones en el campo de los estudios feministas y de género en Colombia y América Latina han evidenciado que la paridad numérica de hombres y mujeres en las aulas no equivale a la igualdad real. El comportamiento de las cifras de titulación de educación superior en el país, así como de aquellas referidas a la participación en el mercado laboral de personas recién egresadas de distintos niveles de la educación post-secundaria, revelan la persistencia de desigualdades de género en el escenario educativo.

De acuerdo con las cifras del Observatorio Laboral para la Educación (OLE), del Ministerio de Educación Nacional, a pesar de que el 55% de las titulaciones de educación superior otorgadas en Bogotá en 2014 corresponden a mujeres, solo el 39% de los títulos doctorales del Distrito Capital les fueron otorgados a ellas. Así, la participación mayoritaria de las mujeres se desvanece a medida que se avanza en la jerarquía educativa. Este fenómeno, mejor conocido como segmentación vertical o techo de cristal, se ha documentado también en el mercado laboral, expresado en la baja presencia de mujeres en cargos decisorios o de alta remuneración y reconocimiento.

Otro fenómeno revelado por las cifras del OLE es el de la segmentación horizontal: la persistencia de áreas del conocimiento ‘feminizadas’ y ‘masculinizadas’, que reducen el número de áreas de formación con un comportamiento relativamente paritario. De esta forma, las mujeres se concentran principalmente en campos relacionados con el cuidado y la enseñanza (humanidades, ciencias sociales y ciencias de la salud), al tiempo que es menor su presencia en el campo de las ingenierías, concentración esta que obedece a los roles que históricamente les han sido atribuidos en el marco de la división sexual del trabajo.

Asimismo, la presencia de las mujeres es menor en escenarios de formación de alta calidad a bajo costo; es decir, en el ámbito de la educación oficial. Este hecho se visibiliza al analizar las cifras de titulaciones del nivel universitario en instituciones oficiales con presencia en el Distrito Capital, donde las mujeres tuvieron una participación en las titulaciones del 46%. En la Universidad Nacional de Colombia, sede Bogotá, institución que concentra el 29% de los títulos otorgados en Bogotá en el año 2014, apenas el 39% de las titulaciones correspondieron a mujeres.

La participación de mujeres como graduadas es predominante en la Universidad Pedagógica Nacional (63%), la Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia (84%) y el Colegio Mayor de Cundinamarca (72%), instituciones con una amplia oferta de carreras asociadas a la enseñanza y las humanidades. No hay que olvidar que la última de las instituciones mencionadas nació como una universidad específicamente dirigida a mujeres.

Las condiciones de vinculación al mercado laboral de personas recién egresadas son otro escenario de materialización de las desigualdades de género: en todos los niveles de formación persiste una brecha salarial entre hombres y mujeres a favor de los primeros. Por ejemplo, en el año 2014 las mujeres que habían obtenido un título del nivel universitario en Bogotá durante el año 2013 devengaban en promedio un salario equivalente al 87,5% del ingreso medio de sus pares varones. Aunque la brecha en Bogotá es inferior a la del nivel nacional y hasta 2013 había tenido una tendencia decreciente, esta diferencia salarial aumentó en 2014 tanto en el Distrito Capital como en el país.

 

 

Con el propósito de analizar el comportamiento histórico de estos fenómenos, con profundización en los procesos que dan lugar a su ocurrencia, el Observatorio de Mujeres y Equidad de Género de Bogotá (OMEG) dedica el quinto número de su boletín Mujeres en Cifras a este tema. Titulada Participación de las mujeres bogotanas en la educación superior y el mercado laboral: ¿paridad significa igualdad?, Mujeres en Cifras 5 aborda la situación de las mujeres en la educación superior en Bogotá durante el periodo 2011-2013, cuya publicación se encuentra en este enlace.

 

[1] “En la Cumbre del Milenio de las Naciones Unidas celebrada en la sede de la ONU (Nueva York, 2000), los jefes de Estado y de Gobierno del mundo firmaron la Declaración del Milenio. En ella asumieron compromisos en materia de paz y seguridad, derechos humanos, protección del entorno y atención especial a la pobreza. Con base en esa Declaración, se concertaron los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), que incluyen ocho objetivos, 18 metas y más de 40 indicadores que debieran hacerse realidad para 2015. Tal como en su momento lo planteó el informe mundial sobre desarrollo humano 2003, “los Objetivos de Desarrollo del Milenio constituyen un pacto entre las naciones para eliminar la pobreza humana” (¿Qué son los ODM? Los Objetivos de Desarrollo del Milenio: La agenda global para superar la pobreza. En http://www.pnud.org.co/sitio.shtml?apc=h-a-1--&s=a&m=a&e=A&c=02010#.VncsqvnhDIU, consultada el 17 de diciembre de 2015).