Mujeres y cultura hip hop en Bogotá - participación en el Festival 2019

El 5 y el 6 de octubre, según el Observatorio de Culturas de la Secretaría Distrital de Cultura, Recreación y Deportes, 57.863 personas asistieron a la versión número 23 del Festival Hip Hop al Parque, un evento que durante dos días reúne las tres principales manifestaciones artísticas del movimiento hip hop: música (MC, grupos y DJ), danza (break dancers, b-boys y b-bgirls) y pintura (graffiti). Por lo menos en los últimos 10 años, la asistencia al evento por género se ha mantenido en un aproximado del 70% de hombres y el 30% de mujeres. A pesar de la disparidad, se podría llenar el Movistar Arena con solo mujeres y haría falta espacio para todas las 16.024 asistentes de este año congregadas en torno al hip hop. Varias artistas, seguidoras y personas que han analizado el movimiento en la ciudad coinciden en afirmar que la participación femenina en este festival ha sido siempre restringida. Sin embargo, en los últimos años se vienen dando grandes cambios gracias a la participación de las mismas mujeres que, en diferentes frentes, demuestran que con su presencia el movimiento crece y se fortalece. 

Desde que hizo su entrada a Bogotá, este movimiento ha tenido acogida principalmente entre hombres jóvenes que viven en los sectores populares de la capital donde son acentuadas las condiciones de empobrecimiento y violencia de distinto orden. Si bien el movimiento cultural, nacido en la vida urbana afroamericana y latina de comienzos de los años setenta en el South Bronx de Nueva York, ha puesto en circulación un contenido crítico y de protesta sobre las condiciones de desigualdad e injusticia social, inspirando a las personas que habitan en la periferia a tomar lo marginal como una fuente de reivindicación y orgullo, algunas de sus variantes estilísticas también han exaltado un tipo de masculinidad violenta, misógina y homofóbica, que se expresa y exhibe en las letras, los videos, las presentaciones, la expresión corporal y las prácticas que en ocasiones acompañan la escena. 

Para las artistas, hacerse ver y escuchar en este movimiento supone un esfuerzo significativo, porque en general se les ha visto como acompañantes o novias, pero no tanto como protagonistas o seguidoras reales del hip hop. Es posible suponer que muchas de las mujeres que participaron en la tarima del festival o entre el público están allí en contra de lo que familiares, amistades, parejas y la sociedad espera de ellas: “hice caso omiso de todo lo que me decían”, declara Spektra de la Rima en su cuenta de instagram, la única mujer seleccionada entre 119 personas que se postularon a la convocatoria distrital para participar en el festival en la categoría de voz o MC (sigla de maestra de ceremonias o rapera). Las grafiteras, la b-girls o bailarinas de breakedance, las DJ y las MC se apropian y resignifican un género musical que se ha construido histórica y culturalmente en torno a símbolos asociados a lo masculino (rudeza, rebeldía, agresividad, competitividad, uso del espacio público nocturno), el cual además ha priorizado la visibilización de las creaciones hechas por hombres y ha difundido representaciones sexistas y estereotipadas sobre la feminidad y las mujeres.

Cabe decir que desde el año 2017 el festival se interesa en hacer curaduría a las letras para que no tengan contenido sexista. Como expresa Diana Avella, curadora del festival en los últimos años, en una entrevista realizada por el medio periodístico VICE  “eso va para los invitados distritales e internacionales: no es que porque es el invitado internacional se me va a parar en esa tarima a decir que las mujeres son una prostitutas y que todas en cuatro. No señor, aquí no. Ellos saben a lo que vienen y cuál es el mensaje: hip hop es paz, hip hop es unión, hip hop es respeto”. 

Ahora, para hombres y mujeres, el hip-hop implica posicionar sus realidades en los espacios donde habitualmente son invisibles o silenciadas. Es de resaltar que la calle es el lugar donde el movimiento nació y es el principal escenario donde tienen lugar sus diferentes expresiones artísticas; su reapropiación y resignificación pasan por ocupar los sectores en los que históricamente han sido objeto de exclusión, pero también los que en sus propios barrios se han tomado grupos a través de la violencia, el microtráfico y la delincuencia. En términos de género, si bien muchas de estas calles han sido por excelencia el lugar de socialización de estos hombres jóvenes desde su infancia, para las mujeres que participan del movimiento la apropiación de los espacios públicos tiene un doble significado, pues para ellas también es la ocupación de un espacio que ha sido histórica y culturalmente concebido como el ámbito para el encuentro de los hombres y para el despliegue de actividades asociadas con la masculinidad. 

A través de las diferentes expresiones del hip-hop, las mujeres que participan en la escena cuestionan la casa y lo doméstico como sinónimo de la feminidad. Con sus creaciones, ellas visibilizan realidades que llevan la marca particular de su experiencia de género y enuncian y denuncian temas que son centrales en la lucha de las mujeres, pero también sobre la economía y la política global. 

Por otra parte, un factor que afecta la participación de las mujeres en el festival es la percepción de seguridad que pueden tener en relación con el evento. No es un secreto que el hiphopper, que representó para algunos jóvenes la posibilidad de convertir en orgullo y arte su imagen que en otros escenarios era objeto de discriminación y estigmatización, sigue estando vinculado en el imaginario de ciertos sectores sociales con la delincuencia, la violencia, las pandillas, las drogas, entre otras problemáticas, aunque esto exige un análisis más profundo sobre los diferentes tipos de prejuicios y estereotipos negativos que recaen sobre la juventud que crece en los sectores periféricos de la ciudad. Lo cierto es que, pese a que los desmanes y las diferentes situaciones delictivas no sean representativas del movimiento, estas eventualidades le imponen un tono al festival, en especial para las personas que están menos relacionadas con las expresiones del hip-hop. Que la percepción de inseguridad es un aspecto que afecta la asistencia al festival es un hecho y que lo hace de manera particular en la participación de las mujeres, también. 

Según las observaciones realizadas por el equipo del Observatorio de Mujeres y Equidad de Género (OMEG) de la Secretaría Distrital de la Mujer, durante los dos días del festival, se ven pocas mujeres solas; la mayoría de las asistentes van en pareja, en grupos de mujeres o entre grupos de hombres. Por las zonas de desplazamiento se ven pocas mujeres caminando solas o haciendo uso de los servicios del parque sin compañía. Las mujeres del equipo del OMEG, por ejemplo, no solo se sintieron inseguras, sino que esta sensación, que iba aumentando con la hora, las disuadió de mantenerse hasta las presentaciones del final de la tarde, horario en el que por lo general las mujeres suelen sentirse más vulnerables e inseguras en la ciudad.

Al temor de ser víctimas de hurto o agredidas en riñas, se sumaron algunas situaciones de acoso callejero. Como hemos venido señalando en diferentes publicaciones del OMEG, el acoso sexual callejero que las mujeres viven a diario restringe su movimiento y libertad para ejercer el derecho a la ciudad y el de su participación en eventos como este, en el que distintos factores contribuyen a su percepción de inseguridad. El tipo de masculinidad que algunos de los participantes exhiben a través de gestos y muestras de agresividad, las situaciones de acoso que varios promueven, más los diferentes estereotipos que sobre estos recaen, produce un ambiente particularmente hostil. Si las mujeres y los hombres integrantes del equipo tuvieron en común una permanente tensión, venida de la sensación de que en cualquier momento se podía desatar una situación violenta a su alrededor, a las mujeres en particular las inquietaba la presencia de varios hombres exhibiendo un tipo de masculinidad potencialmente agresiva.

Hay que decirlo, la glorificación de lo urbano y lo marginal puede crear un ambiente no propicio si no parte de la reflexión y del cuestionamiento de las dinámicas de violencia que puede incitar. De ahí que el enfoque de género deba estar presente al momento de pensar en estrategias que propendan por el mejoramiento de la convivencia durante el festival. 

Para garantizar espacios seguros para todas y todos, es necesario que las mesas distritales y locales de trabajo creadas en 2008, así como los espacios de diálogo entre quienes lideran el movimiento, quienes producen y disfrutan de las expresiones artísticas y entre los distintos estamentos de la ciudad, tanto públicos como privados, se integren y se le den un papel importante a la voz de las mujeres. En la Administración distrital, debemos seguir insistiendo en la realización de este tipo de festivales no solo como plataforma de un espectáculo de entretenimiento sino como espacios para el acercamiento, la reflexión y la negociación entre líderes, artistas, jóvenes de los barrios, organizaciones sociales y entidades públicas. En este sentido, es importante seguir promoviendo que las actividades con las que se acompañan el festival desde 2004 (conferencias, foros y talleres) contribuyan al encuentro entre personas diversas y a la deconstrucción de estereotipos clasistas, sexistas, racistas y homofóbicos en relación con el movimiento del hip-hop en la ciudad, tanto adentro como afuera de él. 

La Secretaría Distrital de la Mujer celebra la presencia de mujeres en la organización y en el despliegue del evento, así como la línea de curaduría coordinada por Diana Avella, la primera artista mujer que cantó como invitada distrital en un Hip Hop al Parque y la primera curadora del mismo, y quien demuestra que hay mujeres artistas, organizadoras, productoras y técnicas que con su trabajo transforman en lo cotidiano los imaginarios y los estereotipos sociales en torno a los roles de las mujeres en este movimiento. Aplaudimos la participación de Sa-Roc, Flor del Rap y Specktra de la Rima, porque con su talento invitan a las y los hoppers y a la sociedad en general a comprender el papel de las mujeres en la cultura hip-hop, a través de referentes que van muchísimo más allá de los estereotipos sexistas y consumistas que las relaciones marcadas por la violencia y el machismo siguen perpetuando. Como lo cantó la invitada norteamericana Sac-Roc “esto es para que las niñas tengan sueños más grandes de los que se supone deben tener y para que nosotras consigamos un pedazo equitativo del pastel en el plato”.