¡Este año me voy a disfrazar de astronauta!

En Colombia es tradicional celebrar la “fiesta de los niños” el último día del mes de octubre, aunque en el mundo esta celebración se conoce como Halloween. Esta tradición tiene un origen particular que se ha venido transformando con los siglos, desde las primeras celebraciones en la cultura celta en Irlanda para anunciar el final del verano, pasando por la celebración con calabazas y antorchas que llegó a Estados Unidos con la migración europea de los años treinta, hasta la celebración actual en la que niñas y niños se disfrazan, recorren las calles y piden dulces, extendida también a personas de todas las edades. 

Esta es una traducción libre de la caricatura
original publicada por Jeff Parker.
La versión original se puede encontrar en su Twitter (@parkertoons),
en el siguiente enlace https://twitter.com/parkertoons/status/522565110045630464

Halloween es una de las fechas más esperadas en el año por las niñas y los niños porque se les permite comer grandes cantidades de dulces y pueden imaginar y viajar a mundos fantásticos a través del disfraz que visten ese día –en realidad, a veces por varios días–. Sin embargo, los estereotipos y los roles socialmente asignados a las mujeres y los hombres direccionan las caracterizaciones que les damos a unas y otros y condicionan, en cierta medida, ese momento del año en que se juega a ser otras personas. 

Le proponemos un ejercicio: acuda a los almacenes de grandes superficies o a los lugares tradicionales de la ciudad como San Victorino, donde por esta época madres y padres recorren cada lugar tratando de encontrar el disfraz perfecto para sus hijas e hijos, con la idea de conciliar presupuestos, gustos y también estereotipos. En general, la primera pregunta que le hace la persona encargada de atender es ¿busca el disfraz para niño o para niña? Este solo hecho, de por sí, está encasillando por sexo tanto las personificaciones como los oficios y condiciona los sueños que las niñas y los niños pueden recrear en este día. 

Ahora, le invitamos a hacer otra prueba: diríjase a un lugar de venta de disfraces e indague por la disponibilidad para disfraces de niña y de niño, si bien se pone de presente que esta división no tiene sentido si se supera la idea de que las mujeres y los hombres pueden hacer solamente determinadas cosas, ¿verdad? Por lo regular, hay más disfraces para ellas que para ellos. Al hacer la tarea en una de las páginas web especializadas en esta industria en Colombia, se encuentran 72 modelos de disfraces disponibles para niñas y 51 para niños. Así, hay el 30% más de posibilidades para las niñas, aunque cerca del 25% de estos disfraces pueden clasificarse como de princesas. Cabe resaltar que, de la totalidad de los disfraces, solamente cerca del 10% tienen una versión tanto para niñas como para niños, lo que lleva a reflexionar sobre cuál es el mensaje que se está transmitiendo desde la infancia y la recreación en torno a las capacidades que desde esta etapa se pueden desarrollar. 

No obstante, en los últimos años, las industrias asociadas a los productos infantiles han hecho un esfuerzo para empezar a modificar algunos de estos estereotipos y, aun cuando sigue prevaleciendo la idea del disfraz de princesa para las niñas, ya se hallan algunos personajes que destacan características tradicionalmente asignadas a los hombres –la fuerza, la valentía y el coraje–, tales como Elsa, de la película Frozen, y Mérida, de Valiente (muy populares entre las más pequeñas). En ese sentido, en la industria cinematográfica también se encuentra inspiración para otros disfraces con bastante popularidad entre personas chicas y grandes –que cada vez se disfrazan más–, en los que se observa que la equidad de género ha logrado impactar en algún grado los imaginarios, lo cual a su vez tiene un efecto sociocultural. De ello hablan los disfraces del Capitán América y la Capitana Marvel, en cuyas características de superhéroe y superheroína se evidencian opciones tanto para hombres como para mujeres. Sin embargo, vale la pena cuestionar si disfraces que se clasifican solo para niños, como los de ninja (en todas sus versiones), piloto de Fórmula 1, mago o dinosaurio, deberían diseñarse también para las chicas y, en contraste, los tradicionales para niñas, como bruja, ratona o princesa, deberían pensarse también para los chicos. Claro, igual cabe la premisa de que niñas y niños usen indistintamente un atuendo diseñado para el sexo opuesto según los cánones sociales aceptados, ¿por qué no, si es lo que ella o él desean? 

En el caso de las personas adultas, el tema se complejiza, porque las mujeres ya no solo deben lidiar con los oficios masculinizados por cultura sino que, mediante los disfraces, se sexualizan sus cuerpos a lo largo de toda una gama de profesiones y personajes en la oferta de lo que se conoce como “disfraces sexis”, por no mencionar una frase más peyorativa, que van desde pirata sexi, policía sexi, reclusa sexi, enfermera sexi, hasta llegar a monja sexi, caperucita sexi o conejita sexi. 

Si usted es una lectora, de nuevo le extendemos una invitación para, esta vez, hacer una reflexión: si su sueño fuera estar al frente de un helicóptero o del más reciente avión, tenga por seguro que su atuendo distaría muchísimo del disfraz de “pilota sexi” que encuentra en el mercado. No se trata de disfrazarse de Frida Khalo o Juana de Arco –que por cierto también se han vuelto muy populares en los últimos años–; más bien es una invitación a que borre esas casillas de su mente, escoja con libertad ese momento de imaginación que se presenta una vez al año, con ocasión del Halloween, para ser lo que quisiera ser o lo que en verdad quiere representar. En esa misma vía, ofrézcale la posibilidad a las niñas y los niños de soñar, jugar e imaginar, más allá de los prejuicios y las falsas creencias. 

De hecho, ¿por qué no aprovechar esta fecha para eliminar esos prejuicios sobre lo masculino y lo femenino, las princesas rosadas y los dragones verdes? Esta es una oportunidad para que las mujeres se diviertan, por ejemplo, en los zapatos de Charles Chaplin y los hombres prueben los tacones y los rulos de doña Florinda, así mismo populares.  Igual lo es para que los colores sean usados por todas y todos. En la oferta de trajes para esta fecha que se exploró, se encuentra el disfraz de unicornio (¿unicornia?) para las niñas, con los colores maravillosos del arcoíris; démosles también la oportunidad a los niños de proyectar la imaginación en todos los colores. 

Una última sugerencia de disfraz para las mujeres y las niñas, que resulta un homenaje a las mujeres en la ciencia y a las navegantes en el espacio que recién cumplieron la primera misión espacial exclusivamente femenina: el disfraz de astronauta, que no hace ninguna distinción entre hombres y mujeres, pero representa de forma extraordinaria lo que significa romper el techo de cristal [1]y los roles de género.

 

 

 

 

 

 

 

[1] El concepto del techo de cristal hace referencia a las barreras supuestamente invisibles que recaen sobre las mujeres y que impiden su incorporación y su avance profesional en el mercado laboral, reflejado en la baja participación en cargos liderazgo y toma de decisiones. Parte de estas limitaciones están asociadas a la carga desproporcionada que asumen las mujeres en las labores de cuidado de dependientes y labores del hogar, las creencias sociales y culturales sobre las responsabilidades familiares que deben estar en cabeza de las mujeres y las madres, lo que contribuye a mantener las brechas de desigualdad entre hombres y mujeres en el ámbito laboral.