Comunicación inclusiva: Un reto para las organizaciones en Colombia

Los retos que las multinacionales, empresas nacionales, pymes y ONG tienen para incluir en sus comunicaciones escritas y visuales a hombres y mujeres en su diversidad son grandes; pero ¿qué es la comunicación inclusiva?

Según el informe de resultados del PAR: Ranking de Equidad de Género en las Organizaciones, elaborado por la firma consultora Aequales junto al Colegio de Estudios Superiores de Administración (CESA) y la Secretaría Distrital de la Mujer, la comunicación inclusiva se refiere al manejo de un lenguaje incluyente (que menciona a hombres y mujeres en su diversidad), además de imágenes y publicidad de hombres y mujeres sin estereotipos. Las imágenes no estereotipadas son aquellas en las que hombres y mujeres despliegan una amplia variedad de oficios y características y contribuyen a promover roles sin estereotipos en la sociedad.

Los resultados del Ranking de Equidad de Género en las Organizaciones PAR III, en el que las empresas públicas y privadas se miden en términos de equidad de género, arrojaron que únicamente el 36,75% de las organizaciones incluyen tanto a hombres como a mujeres en todas sus comunicaciones escritas e imágenes.

Por otra parte, una de las acciones encaminadas a alcanzar equidad de género a nivel externo en las organizaciones, es el establecimiento de criterios para que la publicidad de la organización no tenga referentes sexistas y/o que busque empoderar a las mujeres (los referentes sexistas son aquellos que reproducen estereotipos de género). El porcentaje de organizaciones que utilizan estos criterios llega nuevamente al 36%.

Ahora bien, ¿por qué es importante que las organizaciones en sus comunicaciones incluyan a hombres y a mujeres? Según el informe, la equidad de género también se alcanza desde el lenguaje hablado, escrito y visual que se utiliza en una organización, pues cada palabra e imagen transmite un mensaje que puede ayudar a reforzar estereotipos de género o, por el contrario, desarmarlos y promover roles diversos. Este aspecto debe ser coherente con los objetivos y las políticas de género que sean planteadas en la organización, pues entre las 164 organizaciones participantes en el ranking solo el 22% de ellas reporta haber formalizado un manual de comunicaciones internas y externas para evitar los sesgos de género.

Sin embargo, además de los retos que se deben cumplir en las organizaciones también hay resistencia por parte de gobiernos, académicos(as), políticos(as), profesores(as) e, incluso, la Real Academia de la Lengua Española, que expresan: “La actual tendencia al desdoblamiento indiscriminado del sustantivo en su forma masculina y femenina va contra el principio de economía del lenguaje y se funda en razones extralingüísticas. Por tanto, deben evitarse estas repeticiones, que generan dificultades sintácticas y de concordancia, y complican innecesariamente la redacción y lectura de los textos”.

Esto amplia los retos de la comunicación inclusiva, al no contar con el suficiente apoyo de las organizaciones ni de la sociedad. Por ello se deben crear mecanismos para que el tema no sea ridiculizado como hasta ahora se ha visto en espacios como los medios de comunicación y las redes sociales.

Según la Unesco, en sus recomendaciones para un uso no sexista del lenguaje, establece que: “el lenguaje, por su estrecha relación dialéctica con el pensamiento, puede cambiar gracias a la acción educativa y cultural, e influir positivamente en el comportamiento humano y en nuestra percepción de la realidad” (1999).

Algunos casos expuestos en el documento de la Unesco ilustran los usos corrientes de algunas expresiones con sus posibles soluciones para incluir a hombres y mujeres en su diversidad en las comunicaciones. Por ejemplo, se sugiere reemplazar los términos limpiadoras o mujeres de la limpieza, por el término personal de limpieza. De manera similar, se sugiere hablar de personal médico y no de médicos y enfermeras.

La SDMujer, en varios de sus documentos y publicaciones, utiliza expresiones genéricas, como por ejemplo las personas adultas mayores o las personas usuarias del transporte público o la ciudadanía, para referirse a un conjunto que incluye mujeres y hombres. Academias de la lengua, específicamente la del idioma sueco, han reformado sus diccionarios para brindar a sus hablantes la oportunidad de utilizar un pronombre neutro dirigido a evitar una comunicación sexista.

El lenguaje incluyente es una opción para que las personas colaboradoras de las organizaciones en las que trabajan se sientan identificadas, lo cual contribuye, además, con la mejora del clima organizacional. El uso de la comunicación inclusiva es una oportunidad para la eliminación de los sesgos inconscientes, que le apuesta a la inclusión a través de las comunicaciones visuales y escritas.

Bibliografía

http://cid.sdmujer.gov.co/

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