¿Y si más mujeres se suben a la bici?

Esta puede ser la historia, de Diana, Ana, Brigide o la de muchas mujeres que habitan Bogotá, que en poco tiempo han cambiado la forma en que viven y se desplazan por la ciudad. Luego de pasar un par de horas al día en el transporte público para ir y regresar a su trabajo, recoger sus hijas e hijos en el colegio o hacer un poco de ejercicio, el fin de semana han tomado una decisión importante: subirse a la bicicleta. 

Son distintas las razones que tienen las mujeres para pararse en los pedales del caballito de acero. Unas pueden estar asociadas a la reducción en los tiempos de desplazamiento y al ahorro en los costos de los distintos medios de transporte público y privado; otras están asociadas a la creciente conciencia de la movilidad sostenible y el transporte libre de contaminación que ofrece la bicicleta, así como los beneficios que la actividad física diaria tiene en la salud. Sin embargo, algunas menos exploradas, se relacionan con el derecho de las mujeres a usar, disfrutar y apropiarse del espacio público, lo que a su vez se traduce en ejercer otros derechos que en Bogotá han sido priorizados para las mujeres, como el derecho al trabajo en condiciones de igualdad y dignidad, el derecho a una cultura y comunicación libre de sexismos y el derecho a una vida libre de violencias. Y es que la bicicleta se convierte entonces en un vehículo para que las mujeres puedan ejercer el derecho a la ciudad en condiciones de igualdad. 

De acuerdo con la información de la Encuesta Bienal de Culturas (EBC) de 2017, más del 22% de las personas que utilizan la bicicleta en Bogotá son mujeres, sin embargo, según las estimaciones de la Encuesta de Movilidad 2015, se requiere aumentar en 370.000 los viajes de las mujeres en bicicleta para contar con paridad en el uso de la bicicleta entre hombres y mujeres. Por estas razones, la Secretaría Distrital de la Mujer en conjunto con la Secretaría Distrital de Movilidad y la Secretaría Distrital de Seguridad y Convivencia Ciudadana vienen realizando una serie de actividades en distintos puntos priorizados a lo largo y ancho de la ciudad para promover el uso de la bicicleta por parte de las mujeres. Entre las actividades asociadas a este propósito, se desarrollará en Bogotá el Primer Congreso Internacional “50 – 50 + Mujeres en bici” entre el 26 y el 29 de septiembre, que contará con una agenda académica, deportiva y participativa para que toda la ciudadanía, en especial las mujeres, conozcan y reflexionen sobre los retos, las oportunidades y los aprendizajes que representa el uso de la bicicleta equitativo en la vida de las mujeres, en términos de la garantía y el ejercicio de sus derechos en la ciudad. 

Como abrebocas de este encuentro, las entidades distritales, junto a los colectivos de usuarias de bicicleta, han venido realizando actividades de resignificación y apropiación del espacio público y ciclorrutas en seis puntos priorizados por ser considerados como inseguros para el tránsito de las mujeres en términos de iluminación, acoso callejero, falta de señalización, deficiencias en infraestructura y ocurrencia de delitos. El pasado 12 de septiembre se llevaron a cabo intervenciones simultáneas en estos puntos, ubicados en las localidades de Fontibón, Los Mártires, Kennedy y Suba, a través de rodadas en bicicleta y actividades culturales y didácticas, de la mano de los colectivos de biciusuarias como Biciactivas, Bonitas en Bici, Rueda como Niña y Paradas en los Pedales, así como de las funcionarias y los funcionarios distritales, en conjunto con las biciusuarias de las ciclorrutas aledañas a los puntos priorizados en la Calle 26 con Boyacá y alameda el Porvenir (Fontibón), humedal Juan Amarillo (Suba), Patio Bonito (Kennedy), Calle 13 con Avenida Caracas (Los Mártires) y Calle 80 con Avenida 68. En estos espacios de encuentro, entre las funcionarias, las colectivas y las mujeres que usan la bicicleta se tejen redes poderosas que entrelazan la garantía y el ejercicio de los derechos de las mujeres. 

Es temprano, Diana toma su bicicleta y casco, aún se siente la brisa fresca de la mañana al tomar la ciclorruta, los rayos del sol la llenan de energía. Se siente libre y feliz cuando sobrepasa el bus urbano que tomaba a diario durante una hora y media para llegar a su trabajo; ahora puede dedicar –antes de llegar a la empresa donde trabaja– una hora a sus clases de inglés para cumplir su sueño de hacer un posgrado en el exterior el próximo año. 

Mientras tanto, Brigide sube a Mateo en la silla trasera de su bicicleta, la derrite su sonrisa al ver al pequeño emocionado de iniciar un nuevo viaje en las dos ruedas. Desde que Brigide y Andrés, su esposo, se mudaron a la congestionada Bogotá, tomaron la decisión de usar la bicicleta como su medio de transporte principal y así no extrañar tanto su pequeño pueblo donde todo estaba a unas pocas cuadras de distancia. Este es el momento en el que la joven familia disfruta de la vista de los cerros, el viento y las risas hasta el jardín del pequeño, para luego dividir su camino hasta sus trabajos y esperar con ansias la tarde para que el atardecer bogotano acompañe su regreso a casa. 

Ana, por su parte, marca con un círculo rojo el número 30 en su libreta, al quitarse el casco y bajar de su bicicleta en el biciparqueadero de la entidad pública en la que trabaja. Este es el tercer mes que esta joven profesional va a disfrutar del medio día libre en su trabajo por completar 30 días de uso de la bicicleta como medio de transporte para desplazarse a su trabajo. Desde que Ana decidió unirse al grupo de funcin@bici en su entidad, además de contar con estas tardes libres que aprovecha para conocer otros espacios de la ciudad, ha mejorado su presión arterial y su alimentación. La bicicleta ha sido el medio que le permitió disfrutar de la actividad física que antes odiaba y le ha enseñado a viajar ligera a su trabajo y solamente cargar lo necesario para que sus viajes diarios sean prácticos. También ha comprobado que en la bicicleta ahorra más de media hora en el trayecto en la mañana (que se han vuelto una recompensa de 15 minutos más de sueño) y de cerca de una hora en la tarde (si se compara con la congestión que evita en las tardes al terminar su jornada laboral) y ha hecho el firme propósito de salir a la hora en punto de su trabajo para poder disfrutar de un ciclopaseo diario cuando el sol se está ocultando. 

Ana, Brigide y Diana nos dejan ver cómo el espacio público se convierte en un lugar de libertad, autonomía, poder y disfrute de la ciudad por parte de las mujeres, que se materializa a través del uso de la bicicleta. Entonces, vale la pena preguntarse, ¿no es hora de que nosotras también nos subamos a la bicicleta?, ¿qué tal si tú también lo intentas?